miércoles, 3 de noviembre de 2010

La obrera

Sin ocultar nada
Sin avergonzarse de nada
Vacía de toda carga.
Así debe estar tu corazón, pequeña obrera.

Y tú mujer, obrera de tu casa,
obrera de tus hermanos,
obrera en tu corazón,
dispuesta a mantener pureza en tus pensamientos
pureza en tus actos.

Tú mujer obrera,
dispuesta a la entrega.
Sal de tu vergüenza,
no tengas paciencia, ni complacencia.

Deleita tu corazón en estar aprobada,
amada y consolada.


Entre A&A, mejor la Virtuosa...

¿Quién capaz de transformar,
Atenea lista y Afrodita bella, en algo más maravilloso que ellas?
Ambas muy vanas, muy lejanas.
Sólo en el sueño de las más ilusas están plantadas.

¡Despierta joven dama!
Tu amado te cambia.
Virtuosa te reclama, llena de gracia te proclama.



Preguntas...

¿Dónde buscas las respuestas que tú necesitas?
Respuestas tan exactas como las matemáticas,
y tan ricas como las palabras.

Respuestas a ideas o decisiones,
respuestas grandes o pequeñas.
Pero todas ellas, sabes
que hasta el final de tus días llegarán.

¿Ahora puedes decirme,
dónde encuentras tus respuestas?

Tal vez en un pensamiento
tal vez en un espejo
o incluso en tu corazón.

Pero si eres sensato,
si eres sabio,
buscarás en los pensamientos eternos e infinitos,
posesiones de tu Dios,
irrefutables e invaluables;
sabias posesiones de tu Dios.