martes, 5 de abril de 2011

¡Bandido!

Vamos caminando como niños, pensando que el tiempo no pasa.
Vamos caminando como grandes, viendo al tiempo que pasa.
Y mi cariño por ti va creciendo. Como a un niño te pienso, como a un grande te veo.
No tiene sentido, pues solo a ti te miro.

¿Dónde te encuentro? ¿Dónde no te dejo?
¡Ah, bandido! en mi corazón estabas escondido.
Mi gran amigo y eterno compañero, solo a ti te miro

Pluma en caía

¿A quién puedo escribirle?

Al que no ve.

¿A quién puedo contarle?

Al que no escucha

¿A quién puedo abrazar?

Al que mutilado está.

¿A quién le puedo dar mi corazón?

Al que no lo espera, al que no lo quiere, al que no lo desea.

Y mi pecho se hincha, y mi frustración se agranda.

Y mis dientes se estrechan, y mi lengua batalla.

Y mis pies corren, y mis brazos marchan.

Angustia la mía de no poder hablar.

Te, a ti.

Desesperación la mía de no poder escribir.

Te, a ti.

Y luego, como pluma en caída, todo se va calmando.

Cierro mis preguntas y abro mis respuestas.